Haití – México: cuando la distancia aparenta la lejanía

21 01 2010

Algo no me cuadra del todo respecto al manejo noticioso en Haití en la cobertura de los estragos posteriores al terremoto. Cuánto destaque sobre los saqueos y el caos, sospechoso que, cual doctrina del shock, las fuerzas militares (casualmente de las potencias occidentales) tengan el control de la nación antillana (quienes casualmente a su vez, son “incapaces” de gobernarse).

Pero quiero hablar de uno de esos aspectos particulares que involucran tanto a la emisor, el receptor, el mensaje y el hecho mismo.


¿Qué pasa cuando el televidente, el radioescucha, el lector de papel o de pantallas, en la comodidad de su casa o la incomodidad de su trabajo, observa lo que sucede en semejantes “lejanías”? ¿Qué sucede si éste mensaje está filtrado, con la instrucción exprofesso desde una oficina de redacción, de destacar la violencia y los saqueos?

Más adelante vienen los reportajes y las escandalosas cifras de la castigada vida que, desde hace siglos, han llevado los haitianos a cuestas. Su difusión, claro, obedece a que ya está todo un ejército de corresponsales extranjeros en el lugar. Que, por cierto, ya están siendo evacuados por los militares.

“Qué mal están en Haití. Pobres ellos, que están lejos. Aquí no estamos tan mal. Mira que…”

Y resulta que entonces la idea de la pobreza sólo puede estar en África, sólo existe en Asia, sólo sucede en Haití. Nunca en nuestras fronteras.

Es en ese sentido que hay que recuperar nuestras historias del pasado y presente.

Una distancia sólo geográfica.

2003. Septiembre. Una tromba sepultó las casas del pueblo indígena na´savi de San Rafael, Cochoapa el Grande, y una parte quedó devastada. Sus habitantes fueron reubicados en una serie de pequeños palomares en La Barca, ubicado en la carretera Tlapa-Metlatónoc, donde se hacinan. Después de la tragedia, tras una férrea lucha social acompañada de defensa legal, lograron el apoyo para la reubicación.

Su escuela preescolar, que describo en un post aparte, es un ejemplo de lo que sigue de la tragedia: sin techo,frente a una realidad a veces insoportable, fue construida por los propios esfuerzos del pueblo.

Narra el corresponsal de la región, Jesús Rodríguez, para La Jornada Guerrero:

El pueblo de La Barca resulta un pueblo muy peculiar, con una historia única entre los pueblos pobres de lo más alejado de La Montaña de Guerrero: siendo ésta una zona de territorios sinuosos, de caminos bruscos de tierra, con pronunciadas pendientes donde se han establecido los indígenas en chozas, conformando pueblos que al final resultan zonas de alto riesgo, La Barca es la única localidad de la que se sabe que, a punta de gestiones y presiones ante autoridades estatales y federales, hizo valer su demanda de reubicación, que para el gobierno representó invertir más de 11 millones de pesos, canalizados a la construcción de las 246 casitas de concreto, de 20 metros cuadrados, extendidas en filas paralelas, que ahora lucen como una maqueta entre La Montaña, paisaje inusual para los pueblos de la región.

Como Cochoapa, existen muchos lugares más, no en África, no en el Caribe, sino dentro de México: buena parte de la región Montaña de Guerrero. También Mitontic, en Chiapas; la Huasteca veracruzana; Coicoyán de las Flores, Oaxaca; Batopilas, Chihuaha, etc. El punto es que no es necesario salir de las fronteras físicas para hallar historias de vida terribles, duras, conmovedoras.

Todos viven una realidad de pobreza absoluta, marginación y una casi obligada serie de pocas opciones: emigrar, perecer o participar en la siembra de enervantes.

Historias que se volvieron visibles en medios hasta que el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de la ONU publicó, a través de un estudio sobre el Índice de Desarrollo Humano, cuáles eran los municipios en mayor pobreza en México.

La selección natural noticiosa

En 1984 los medios estadounidenses, por ejemplo destacaron el hambre en Etiopía, mientras despreciaron hacer cobertura alguna sobre el mismo mal en Brasil, donde estaba muriendo más gente. En comunicación, se conoce como Agenda Setting a una serie de parámetros que forman la agenda pública (la información de interés para el público y cuánto espacio debe o no dárseles).

Muchos son los factores que definen ésta agenda. Tienen que ver principalmente con cómo afectan la vida del ciudadano/consumidor de medios: si es una personalidad importante quien dice o hace algo, si ello repercute en su vida, si es algo local o lejano, si hay interés mercantil, si una víctima, superviviente o héroe es un connacional. El que otros medios lo cubran es importante: uno no puede quedarse fuera o lejos del “notición”, por lo que hay que buscar la novedad.

No dicta cómo opinar (ojo: el público siempre es capaz de hacerse un criterio propio), pero sí sobre qué temas hay que opinar. No es una batalla por mejores noticias, sino por la primera percepción, la primitiva que llegue a nuestro sentido natural de huida y emergencia (Rectilean news).

Más adelante, aparecen los chantajes sentimentales. Música de fondo, primeros planos de los niños tristes, la imágen que cause más lástima… y más ingresos en cuentas bancarias muy filantrópicas.

En realidad la situación, por si misma, no tiene tanta importancia sino su impacto mediático.

Ejemplo rápido: una tragedia aérea. Suceden decenas diariamente. Pero sólo incrementa su valor noticioso en agencias internacionales si las víctimas son de estadounidenses o europeas.

Parte de un supuesto, el que la gente (público) únicamente conoce lo que ofrecen los medios masivos y dependiendo de la importancia que los medios den a una noticia, ésta será trascendente para el público.

El saqueo, la desesperación, la violencia son reacciones sociales ante una necesidad desesperada de supervivencia -más cuando la nación ya estaba en severos problemas-, pero ojo, no son reacciones exclusivas de Haití, sucedieron en el sismo mexicano de 1985, lo mismo que en Nueva Orleans hace un lustro y en muchas otras tragedias sin el mismo trato noticioso.

No olvidemos que en mayor o menor medida, ante las tragedias y catástrofes los pueblos, la gente de abajo, une sus esfuerzos en resarcir el daño inmediato y la desesperación no es evitable. ¿porqué no vemos esas imágenes de solidaridad en el interior del pueblo haitiano? ¿es que acaso NO EXISTE esa solidaridad o no se difunde esa imágen de solidaridad y por tanto, aparentemente NO EXISTE?

Sé que estoy metiendo demasiadas ideas, lugares y situaciones distintas. Es a propósito. Quiero resaltar el papel mediático durante las catástrofes y sus consecuentes periodos de inestabilidad, pero lo claro es que, de la tragedia en Haití, se está sacando mucho provecho, no sólo político, económico y militar, sino también mediático. Y que no podemos obviar situaciones que tenemos en nuestro propio país. Es una distancia sólo geográfica.

Quienes consumimos los medios, debemos leerlos crítica y claramente. También vale la pena cuestionarse qué sucederá cuando Haití deje de ser noticia. Reflexionemos un poco.

Para conocer más:


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