Yo maté a Paco Stanley

6 12 2009

“Es ese”. Simpático como los abogados de oficio, el custodio del penal federal me llevó por un pasillo tan oscuro que tropecé con un escalón. El Mefistófeles, Mario Mefisto López Jolote, expolicía judicial, dice haber matado al conductor de Pácatelas, Francisco Stanley. Acababa de salir hace dos días del departamento de Observación y Clasificación interno, ciento once después de lo estipulado legalmente.

No sabía dónde estaba. Despeinado, sucio y ansioso por un cigarro, me lo preguntó. “En el Penal Federal de Matamoros, Tamaulipas”, le aclaré. Por el tono y forje de los jenízaros pensó que estaba en Puente Grande, Jalisco. Leía la Biblia en su celda del Reclusorio Norte cuando, sin aviso, se lo llevaron a una camioneta disfrazada de Sabritas y se perdió en la más profunda oscuridad que jamás hubiera imaginado.

“Yo maté a Paco Stanley”. La verdad, pienso en mi adentro, no sé porqué accedí a entrevistarme con este esperpento, que asegura ser el autor material del crimen y “un chivo espiatorio bajo el más injusto juicio”. Describe, según él, a los supuestos responsables: “Están arriba, en altos vuelos, ganan más en un día que lo que tú en toda tu vida, con todo respeto”.

- ¿Y porqué lo dices hasta ahora y no antes?
- Tienes que entender mi situación. Yo me voy a pudrir aquí y todo fue un chow montado. Pero me pusieron un cuatro, como ese el de Los últimos días de la víctima, pues el objetivo era yo y no el gordo. (Buen gusto tiene para leer, al menos) Todo lo que viste, el linchamiento al gobierno del DF, la prisión de Paola y el patiño Bezares, el Cholo, todos eran parte del espectáculo, una pantalla para desviar el tema.

- A ver… para empezar, si esto fuera cierto, ¿tu qué papel juegas?
- No contaron con que se les iba a salir de las manos el asunto. A mi solamente me contrataron. “Mira Mefisto, tu eres de los hombres más capaces de la corporación, sucede que le debemos un favor a alguien e hizo una apuesta con otro tan cabrón como él. El caso es que te tienes que echar a alguien que jugó con ambos bandos y quedó mal”. “Comandante, usted sabe que para aplicar la ley, hay que torcerla, pero nomás hábleme claro porque no le entiendo”. “Tu no preguntes y haz lo que te digo, que serás bien recompensado”. Me dieron el arma, el mapa, el disfraz, las fotos y las instrucciones detalladas Solo tenía que hacerlo y un vehículo me esperaría.

Lo hice. En caliente, rápido y salí, algo alterado por el bullicio que se armó luego pero nadie me pudo reconocer. Entonces el comparsa Martínez, el chofer, que dicen que anda ni muerto ni vivo sino desaparecido, me sacó del lugar y todo estuvo tranquilo para mí varios días. Me recomendaron tomar unas vacaciones y no ver tele y estar sobrio completamente.

- Apenitas pasó la muerte de Paco… bueno… la verdad … honestamente sigo sin creerte, pero … te escucho… Ok, pasa su muerte, su funeral en horario completo y salen los primeros culpables…
- Todos ellos tenían cuentas pendientes. Fuera del escenario, me consta, ni se hablaban. Traían rollos de celos, drogas y negocios incumplidos entre ellos. Cuando vi al Cholo en los retratos y en los careos por la tele, yo nomás me cagaba de la risa. ¿A quién se le ocurrió? Ese cabrón había salido de una cárcel en los Yunaited Steits por asesinato apenas, era el sospechoso más obvio. Y su jeta, ¡seguro que ni sabía qué pedo cuando lo presentaron en la telera!

- ¿Y qué hay contigo?

La mano derecha le tiembla. Fuma a bocanadas fuertes, tose y vuelve a inhalar el cigarro. No mantiene la mirada sino hacia su lado izquierdo, intentando recuperar los recuerdos. Nunca volteó a la derecha, el hemisferio creativo. Eso me desconcertó.

- No te pases de listo. A mi me llamó el comandante a una comida, según dijo, en un Vips en Coapa. Quesque me iba a decir algo y que allí era seguro. Me olió mal esa proposición, pero ni tiempo tuve para hablarle al Zéfiro, el que sabía todas las movidas de la policía para que me acompañara. Llegaron varios compañeros de la corporación de repente, pensé que era una broma por mi cumpleaños. Orale, comandante, una fiesta sorpresa…. y ¡Mocos!, que me apuntan a la cabeza y me dan un culatazo. Desperté en el Reclusorio Norte, acusado de todo lo que hicimos desde que andábamos en la DFS hasta los tiempos de judicial, torturas, violación, homicidio, secuestro, robo. Pero nada que ver con lo de Paco. Y pensar que no tenía nada contra él, me caía bien incluso, p´a que te miento. Era vaciado bailando. De repente me dejaron caer toda, y cuando cambió la administración, quedé olvidado. Pensé que saldría pronto, pero lo único que me tocó fue el traslado hasta acá, que apenas que me dices es Matamoros. Mi proceso está parado, no sé ni las acusaciones que me imputan en concreto. Hasta apenas puedo hablar con alguien, y créame, no le será fácil sacar esta información.

“Pura pantalla”, pienso. Pocos días después del crimen, se supo que Paco Stanley era adicto a la cocaína y tenía nexos con el Señor de los Cielos, Amado Carrillo. El caso se convirtió en una novela transmitida a todo horario, los culpables eran todos y nadie a la vez. Hasta autoridades del DF cayeron.

Meses después, todos los sospechosos quedaron libres, nadie fue juzgado culpable. Y este hombre quedó olvidado, relegado, aislado en la ignominia. Nadie le cree que él mismo se acuse del crimen. “Solo exijo justicia, que metan conmigo a todos los mandos de la corporación. Que se sepa la verdad, ni siquiera admiten que yo maté a Paco Stanley. Ni me acusarían porque saldría la cloaca”. A decir verdad, yo tampoco le doy crédito.

- Y a final de cuentas, ¿quién salió ganando con esta comedia?
- Yo qué sé. No entiendo nada de política.

Acabó la entrevista abruptamente. El gendarme recibió una orden por radio, que me largara. Pedí concertar otra entrevista. “Luego vemos”, fue la evasiva.

Una llamada anónima me avisó que mejor ni saliera a la calle. Los nervios se me paralizaron. Dos días después de la entrevista, mi perro estaba degollado en la cocina. Junto a éste, o lo que quedaba, una nota. “No te metas”.

Advertencia: Éste fue un ejercicio académico realizado en octubre de 2006 para mejorar la construcción del relato. Debía comenzar con la frase que titula este post. A decir verdad, de este texto de ciencia fricción -no periodístico- disfruté desmenuzar sus partes para armar un relato ficticio basado, sì, en hechos reales. Lo saco del baúl para disfrute colectivo. Nadie se vaya con la finta, porque luego…

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