Tesis. Round 1. Knock out técnico

24 07 2008

Estoy cercano y decidido a decirle adiós a mi facultad -Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM-, con poco más del 90% de mis materias, el servicio social y un periodo de prácticas concluidos. Cercano, por cierto, es un decir muy relativo. Pueden ser seis o varios meses, eso no lo sé ni tampoco me importa mucho, la única presión que siento es la de que yo quiero salir.

Y en el primer round que he tenido con la tesis, salí noqueado. Pero nada está dicho para el segundo, que sigue cocinándose a su propio ritmo.

Comencé la idea de documentar la vida cotidiana de los pueblos de Tláhuac con algunas historias de vida, idea que me traía durante un buen rato y pensé concretar como un ambicioso proyecto de tesis para terminar, de una vez por todas, con la mi estancia en la facultad. Parte de este material inédito que pude rescatar lo estoy colocando poco a poco en este blog.

Dos razones tiene ese tema: uno, que gran parte de reportajes sobre la ciudad se ciernen sobre el Centro y existen pocos trabajos sobre la zona rural del sur de la orbe. Y la segunda, no menos importante, el proceso que se vive en los pueblos a raíz de la construcción de la Línea 12 del metro y que definitivamente cambiará para bien o para mal, el curso de la vida. Una más, conociendo de antemano las dificultades económicas para realizarlo, éste podría hacerlo con recursos muy limitados.

El proyecto es retratar el rostro campesino de la ciudad y la cara urbana del campo de Tláhuac.  No puedo negar el gusto con el que pude trabajar en los pueblos de Zapotitlán, Tlaltenco, Ixtayopan, Mixquic, Tetelco y Tláhuac. La gente, muy importante para este proyecto abrió de par en par sus puertas y me permitió una convivencia intensa,

Pero técnicamente todo se desbordó desde el principio.

Por el desgaste, mi cámara mecánica Minolta X300 terminó severamente lastimada en algún momento, quizá en febrero. El resultado de esto es que gran parte de mi comienzo de trabajo de tesis terminó en el basurero (algo así como un 97.89%). Prácticamente nada se salvó.

De haberme dado cuenta a tiempo de los problemas me habría evitado demasiadas desveladas en balde y gastos que con dificultad puedo solventar. Pero no fue así. A la par estuve haciendo reportajes con una cámara digital de bolsillo, barata y a la que con sus limitantes le he sacado mucho jugo. La atención en lo digital me hizo olvidar poner atención a la analógica y todo chafeó cuando revelé los primeros ocho rollos (negativos y transparencias).

¡¡AAAAAHHHHHHH!!!!

Una historia en blanco y negro

El diagnóstico médico a la Minolta de las milbatallas comenzó por echarle la culpa a los revelados del centro -no de excelente calidad pero de precios accesibles-. Pero ello no explicaba el terrible desenfoque, si bien podría haber explicado mala impresión de color o exposición.

¿Rollos caducos? Imposible, eran nuevos y recién sacados de caja. Y su caducidad estaba marcada para 2009.

Así que por ahi no iba la cosa.

Tiempo después le eché la culpa a los lentes (un gran angular, un 50mm y un tele). Pero no tiene sentido tampoco que tres lentes se descompongan al mismo tiempo y además, permitan una imagen nítida cuando veo a través de la cámara. Los lentes no eran la causa de la miopía impresa.

Miopía… entonces era yo el que estaba fallando. O al menos mis anteojos estarían bastante mal. Pero no.

En fin… fueron momentos de una terrible y desesperada búsqueda de respuestas sin sentido. Tuve que hacer, cual simpático doctor House, un diagrama con flechitas y dibujitos de qué partes componían este cuerpo de aleación plástico-metálica.

Y el consecuente berrinche: “ya no quiero hacer foto. No la armo. P’a qué me compliqué con esto de meterme en un fotorreportaje como técnica de tesis… ¡¡Buaaaaa!!” -y las respectivas lagrimitas-.

La respuesta estuvo a mi vista todo el tiempo. Un visor flojo debajo del pentaprisma estaba haciendo una refracción incorrecta que permitía ver, engañosamente, una imagen de nitidez aparente que en el soporte del filme estaba imprimiéndose gachísimo. O séase, lo que yo veía estaba bien, pero el soporte (negativo, transparencia) estaba recibiendo incorrectamente la imagen por una pieza chueca.

Bastó con una cirujía manual: se quitó la pieza, se puso al revés y ¡Voilá! el resultado fue el que terminó en éstas imágenes en blanco y negro.

Todo estuvo ahi: y durante mes y medio no lo noté. ¡¡¡¡Auch!!!!

El resultado fue técnicamente aceptable, luego de la operación abierta. Nada del otro mundo, como se ve. No me gustan en demasía las tomas, tomadas en las facultades de Medicina, Derecho y Ciencias Políticas un día de mayo o junio.

En fin, que el error no estaba ni en los rollos, ni en los lentes, ni era culpa de los malvados reveladores. Tampoco tenían que ver fuerzas malignas ni benignas, brujos. La cámara tenía una simple miopía corregible.

(Chale).

pero no acaba la pelea

Finalmente, después de tanto berrinche, y a buenos amigos que me han cabuleado por esto, he podido asumir que, no siempre hay buenas rachas y que hay errores costosos, pero ni modo. Solo queda volver a empezar.

Lo que más me chocaba de todo estudiante universitario iniciado en la fotografía era comenzar un reportaje sobre la Universidad Nacional en blanco y negro. Es, creo, el lugar más común de todo alumno. Ejem… eso no quiere decir sea cierto el dicho popular que “cae más rápido un Prom que un cojo” y que “el Prom por su boca muere”, aunque estas imagenes pudieran decir lo contrario.

Bueno… esto si es blanco y negro… y es en Ciudad Universitaria😛

Pero muestran una nitidez que, en su momento, me hubiera gustado no se hubiera dañado. La Minolta está lista para nuevos documentales. Mejor aún, yo estoy puesto.

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Tema aparte, sé por cierto que, debido a la huelga de 1999-2000 muchos alumnos-investigadores-académicos vieron interrumpidos sus estudios. Pero gracias a aquel arrojo de universitarios preocupados por sus semejantes, muchos de mi generación y posteriores hemos tenido la oportunidad de estudiar en la UNAM y conocer una parte del mundo que muchos obtusos oscurantistas quisieran cerrar. De muchas cosas se podrá acusar a los activistas que participaron, pero definitivame la escuela, aunque gratuita es cara. No la imagino con cuotas.


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