Desde las alturas de El Corral

24 07 2008

En los límites de Zapotitlán y Tlaltenco, al sur oriente de la ciudad, se encuentra un cerro conocido como El Corral, cuya empinada cumbre lleva hacia un inhóspito cráter. De fértiles tierras, las faldas de éste lugar observan el vivir de pueblos tlahuaquenses quienes viven de siembras de hortalizas, maíz, nopal y flores. Apenas a unos kilómetros de Iztapalapa, parece inconcebible un lugar dentro de el monstruoso orbe donde puedan hallarse especies como serpientes y camaleones. Y leyendas sobre brujos y espíritus.

Los hermanos Galindo Valle conocen este terreno, su lugar y pueden subirlo corriendo. Para un extraño ascender implica subir una empinada cuesta donde, al final, uno ve a su nahual por la falta de oxìgeno. Pero un increíble panorama es una recompensa visual. Uno logra lo inconcebible: ver Chalco, Tláhuac, Iztapalapa de un solo paneo.

Y hasta el Tetecon y el cerro Tres Cruces, que de abajo parecen gigantes de tierra, en picada se ven pequeños, subordinados. Es el valle del Anáhuac, donde el todo es más que la suma de sus partes. Donde cada cerro, trazo carretero, colonia, avenida, lago, mina, campo de siembra y cada altibajo conforman piezas en miniatura de una amplia e imponente composición.

Y que al mismo tiempo, una frágil estructura que la urbanización desmedida amenaza con desaparecer.


El cráter


Las faldas

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Un fragmento de la mancha urbana


Los hermanos Galindo Valle


Noé Galindo muestra un camaleón que habita en el cerro.


Fértiles suelos


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2 responses

4 12 2008
azul

hola me gusto mucho tu reportaje deberias hacer una segunda parte

18 02 2009
chikalmodovar

¡Qué hermosas fotografías!
Es impresionante cómo cuando ves la ciudad desde un cerro, te planteas las miles de millones de posibilidades de historias allá abajo… imaginando, recreando, creando y proponiendo… ¡A disfrutar responsablemente la libertad para transformar!
Saludos




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