Trío Halferty/Guilfoyle. Cuando lo que importa es la base y no la cúpula

6 04 2006

¿Cúanta parafernalia es necesaria para que algunos grupos musicales destaquen? Depende. Hay quienes necesitan de infraestructura llena de luces artificiales, coreografías y bailarines de buen ver, así como de campañas publicitarias costosas, y en especial, una pose, un sello que otorgue una supuesta originalidad del músico- producto.

Pero en otras ocasiones basta con un humilde equipo básico: un bajo, una guitarra y una batería. Ahí ni la nalga ni el escenario son determinantes, sí lo es la música.

El Festival de Jazz de la Unión Europea trajo este sábado 2 de abril al Trío Halferty/ Guilfoyle desde Irlanda. A través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, CONACULTA y el Centro Nacional de las Artes, CENART, la embajada de Irlanda en México dio bienvenida a las cuatro en punto a éste grupo representante del jazz europeo, o eurojazz.

Pero ¿quién se detiene a escuchar a unos rucos que parecen oficinistas echarse unos palomazos de música mas bien sencilla? Muchos, varios exigentes de clase media que cuando menos comprenden el inglés, aunque sea para fingir que causa gracia un mal chiste.

Porque algo es claro: en nuestro país la cultura es para las élites. En la Plaza de las Artes del Centro Nacional de las Artes en Churubusco 79, colonia Country Club, los que abundaron fueron los hippies de Coyoacán, mote aplicado a jóvenes que visten informales con ropa de marca. Las sandalias y pantalones de marca los delatan. Estereotipos disfrazados, en fin.

Bajo un sol inclemente y una manta que cuando más cubriría a unas ochenta personas, el embajador de la República de Irlanda en México apenas empezó a saludar al público, dijo un “Basta de palabras” que dio inicio con el trío de jazz, género que comenzaron los esclavos negros en los hoy Estados Unidos para olvidar su situación y llenar de vida su espíritu.

Conor Guilfoyle en la batería, Tommy Halferty en la guitarra, y contrario a la costumbre de que sean los requintos quienes marquen la pauta, Ronan Guilfoyle sería el verdadero líder, llevando el paso un bajo electroacústico parecido a una guitarra country del vecino país.

Siendo el jazz una base musical -aparentemente- sencilla, no significa que sea corta en creatividad.

Simplemente no necesita los ornamentos de otros géneros, por lo que este trío se las vio bastante bien sin instrumentos de viento, teclados, voces… ni siquiera el logotipo del grupo.

Lo suyo fue, al grano, tocar.
Two to follow up fue su pase de entrada. Una alucinante composición que aludía a los ritmos del guitarrista negro del Woodstock 69, Jimmi Hendrix. Un solo de batería de Conor, quien además dirige el grupo de salsa cubana ìHabanaíCheî y la banda de jazz latino ìA Nights in Habanaî, resuena en aplausos. Pura energía.

Seguido de ello vino You don´t know what love is, que sin palabra alguna narraba toda una historia. Empieza el romance, un ritmo sincopado suave que empieza a subir de tono hasta que las octavas de la guitarra y el bajo simulan gritar un orgasmo y la posterior relajación.

Vendría un ritmo swing, que entusiasmaba al espectador a mover la cabeza, los brazos o las piernas. El clima era lo de menos.

La prohibición de meter grabadoras y tomar fotografías se volvió insulsa. Nadie hizo caso y las cámaras digitales acercaban con su zoom al trío.

Combinaciones exhaustivas de síncopas de dos notas del bajo eran suficiente para armar un buen ritmo. Las escalas pentatónicas -es decir que siguen un patrón determinado- de Halferty crearon complejas composiciones dignas de considerarse para hacer rock progresivo, improvisaciones en incluso retomar breves elementos de la Zandunga oaxaqueña, tal vez sin conocerla

Una hora y media de jazz europeo, no para las masas que confluyen en el zócalo capitalino, sino para una clase media alta que comprende cuando Ronan Guilfoyle se disculpa en inglés por no saber hablar español y sentirse a gusto en México.

Al finalizar, los hippies de Coyoacán quieren seguir viajando y se escuchan las alusiones. “Vamos para allá atrás”.

El jazz del trío Halferty/Guilfoyle es en definitiva, música que debería ser presentada a públicos más amplios, y no enclaustrarse en los recintos culturales.

El jazz es un catalizador de emociones. Tras el huracán Katrina, el jazz trataba de aliviar los estragos de la tragedia. Músicos pobres tocaban en los barrios jazz y blues, una variante supuestamente melancólica del jazz, con lo que quedó de sus instrumentos.

Como la cumbia y la salsa, el mambo y el mismísimo rock, el jazz no fue invento de cómodos ni estudiosos, todos nacieron de las clases populares y su dolor y alegría, comparten ese espíritu callejero.


Publicado originalmente en el blog Música a la Calle en Indymedia México


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