Manu Chao en Cd Monstruo: ¿cúando nos acostumbramos a la policía?

6 04 2006

Chamaco
Un niño observa de lejos el concierto

¿De cuándo acá nos acostumbramos a ser vigilados, incluso hostigados por el cuerpo de granaderos del DF, para ver un toquín?

Considero necesario exponer algunos puntos a debate, muy subjetivos -es decir, que son mis apreciaciones estrictamente personales- y propensos al error o al acierto.

La semana pasada, Manu Chao, exintergrante de Mano Negra dio un toquín que, no voy a negar, disfruté mucho. No me parece poco oir las rolas de aquél que intercambia la música con letras distintas, y las sorpresas al empezar a cantar una y darnos cuenta de que nos ha timado.

Sin embargo, saltaron a mi mente varias inquietudes.

¿De cuándo acá nos acostumbramos a tener al cuerpo de granaderos amedrentando, o incluso golpeando a los asistentes, y la Policía Militar vigilarnos desde las alturas?.

Si hacemos un repaso histórico, apenas en junio del año pasado, un concierto de Café Tacvba, que terminó con un saldo de 200 heridos y según se rumoraba, un deceso.

Un toquín fabuloso para algunos, insípido para otros, pero definitivamente, sin contenido social, light…

¡170 mil espíritus que no recibieron nada más que la música! Ese no es el problema, sino que los Tacvbos tienen cierta trayectoria apoyando causas justas, y aquella ocasión se ufanaban de romper el récord de asistencia en un masivo, no hubo mensaje alguno para los asistentes fuera del “salvemos a las ballenas”…

Otra situación es el desborde anímico. Pienso, y ojalá se pueda debatir al respecto, que cuando el gobierno perredista nos trajo los toquines, primero con el lema de “tomemos las calles” y luego con el fin de abrirse espacio para nuevos votantes, que los conciertos dejaron de ser un medio de denuncias, explosión de emociones contra la injusticia, se volvieron un fin. “Voy al toquín a echarme un ídem“.

De más chamaco asistí a alguno que otro toquín organizado por colectivos, generalmente apoyando al EZLN. Existía un cuerpo de seguridad, cierto, también los connatos de violencia. Pero nunca, que yo recuerde, fue necesario el uso de la policía. Las broncas que se llegaban a dar, terminaban por sí solas.

Mas bien se daba una situación de catarsis solidaria: si alguien se caía, se le hacía una valla para que nadie lo pisara; si alguien no quería bailar slam, no era obligado a recibir patadas; los grupos pequeños que bailaban su slam en círculos no aplastaban a los otros.

Pues, había una razón para ir a los toquines, además de echar sano y necesario relajo. Como dije anteriomente, eran un medio, una catársis y un encuentro de voces e ideas. No eran un objetivo en sí, parecía que mas allá del evento podría hacerse algo más.

Pero regresemos al Manu Chao. Esta vez tuvo temática, las movilizaciones contra el IV Foro Mundial del Agua.

Por cierto, ¿porqué recalcó más de dos veces que las movilizaciones “pacíficas, repito, pacíficas” eran las buenas?.

Irónico que mientras hablaba el orador, la policía nos quitaba nuestro líquido vital para no asfixiarnos y el sudor y aire viciado nos madreaba. Como si no se vendieran botellas de vidrio adentro.

También paradójico resulta que si es un orador quien habla del agua, o del EZLN, no se escuchaba gran eco; si lo mencionaba el cantante Tacvbo -cuya actuación pasó sin pena ni gloria- apenas se oía algo; pero cuando Manu Chao hacía alguna alusión, los gritos de “Viva Zapata” crecieron… ¿será que la consigna obedece más a una figura que a una convicción?

No me espanta el baile desenfrenado. Es parte de esa justa, como lo es para los asistentes al Viacrucis de Iztapalapa echarse un ratote de sol o para las barras futboleras el ir dispuestos a quedar afónicos.

Lo que me saca de contexto es que haya güeyes que te obliguen a empujar al de adelante, sin tener la posibilidad siquiera de tener tus pies en el suelo porque andas comprimido en el aire, y que sean cabrones que quieren tirar las vallas, pero ni se atreven a ir al frente sino que sean los empujados quienes las tiren, valiendo queso lo que pase.

Y hablando de vallas, es interesante que las pongan mientras Manu Chao canta contra las fronteras. Cierto es que quieren proteger sus equipos técnicos, pero la neta, hya vallas que nomás limitaban el paso.

De todos modos, ha habido marchas con menos gente en que el mismo grito resuena con mucho más h…. injundia. Bueno, seamos justos: cuando tocó Clandestino, el grito de ¡Ilegal! si se escuchó😛

Tanta energía, que en la Plaza de la Constitución, las nubes que horas antes anunciaron lluvia, se disipaban justo a la altura del asta bandera.

Bien por gritar, bailar, todo. Pero ¿qué pedo con nosotros, la banda? ¿De cuándo acá necesitamos una autoridad que nos reprima?

¿Porqué siento, o igual me vuelvo un ruco prematuro, que nuestros desbordes, controlados y puestos en bandeja de plata por el Estado, pierden sentido y “justifican” el actuar represivo, mismo que tanto desean?

¿Se nos olvida la violenta represión durante el concierto de Caifanes en 1995, del entonces regente y hoy prófugo Oscar Espinosa?

También ver:
La crónica narrada por La Jornada

LaBanda
La banda prendida

Labandota
La bandota prendida

* Publicado originalmente para el blog Música a la Calle en Indymedia México


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